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domingo, 24 de julio de 2011

Dalai Lama, ¿cómo lograrás reencarnar tu alma?

Por Cao Shimu

Recientemente, el Dalai Lama ha prestado mayor importancia a su posible “reencarnación”. Su avanzada edad parece justificar sus apremios por lo que acontecerá después de su muerte. Pero al hablar del tema se aleja cada vez más de la religión. Funge como actor que representa una obra teatral, o como un politicastro que sermonea sin revelar su verdara finalidad.

En previas charlas demagógicas, se ha declarado dispuesto a abandonar su reencarnación, designando un sucesor antes de su muerte, o diciendo que desea reencarnar en el extranjero. Así lo afirma el rotativo ruso “Independencia”, según el cual el Dalai dijo en su reciente gira por EEUU que “reencarnaría en ultramar”, tras “designar personalmente a un sucesor”.

Como es sabido de todos, la reencarnación de los budas vivientes se realiza estrictamente de acuerdo con los procedimientos religiosos. Se trata de una modalidad extraordinaria que rige la reencarnación de los budas vivientes en ciertas sectas del budismo tibetano. El tema es de la competencia exclusiva de los budas vivientes, quienes se adhieren a procedimientos acumulados a través de la historia, aprobados por los budistas y autorizados por el Gobierno central. Es inconcebible que los mismos se violen o incluso se alteren.

Estas normas datan del año 1653, cuando el emperador Shunzhi de la Dinastía Qing confirió el título de Dalai Lama V. Desde entonces, ha sido indispensable la autorización del Gobierno central para la reencarnación del Dalai Lama. En 1872, el Gobierno central de la Dinastía Qing promulgó el sistema de sorteo para asegurar el heredero de los budas vivientes del budismo tibetano. La inscripción “Relato del Lama”, grabada en la estela perteneciente al reinado Qianlong (1711-1799), de la dinastía Qing y ubicado en el Monasterio Yonghegong de Beijing, revela los cada vez más graves fraudes de aquel tiempo en los procedimientos de reencarnación destinados a la sucesión exclusiva entre hermanos y otros familares. “Los Hubilekhan (niños candidatos a la sucesión) eran seleccionados en el mismo clan, lo que equivalía a un sistema hereditario”. Por eso “preparan una botella de oro y la envían al Tibet para el sorteo destinado a la selección del sucesor entre los niños candidatos”, “y también se ordena hacer el sorteo para la reencarnación de los sucesores mongoles en otra botella de oro conservada en el Monasterio Yonghegong”.

Desde entonces, los procedimientos religiosos para la reencarnación de budas vivientes se perfeccionaron gradualmente: 1. Tras la muerte del Dalai (no se permite la reencarnación del referido buda viviente antes de su muerte), se forma un grupo compuesto de budas vivientes y monjes prominentes para la búsqueda de los niños candidatos; 2. La búsqueda se realiza de acuerdo con los rituales y procedimientos religiosos; 3. Se informa la nómina de niños candidatos a la sucesión al Gobierno central para su autorización; 4. El Gobierno central envía su representante para que dirija el sorteo; 5. Poner en conocimiento del Gobierno central la identidad del niño seleccionado mediante el sorteo, para que sea autorizado oficialmente para la sucesión, y 6. El Gobierno central envía su representante a la ceremonia de sucesión. El sorteo de botella de oro, el más importante de los procedimientos arriba mencionados, mantiene la autoridad del Gobierno central para conferir el título concerniente y muestra el respeto a la sagrada decisión de Sakyamuni. Esto permite eliminar las interferencias, prevenir los fraudes y ganar la confianza de los creyentes del budismo tibetano.


¿Qué le pasó al Dalai Lama? ¿Porqué se atreve a contravenir los procedimientos religiosos que sus antecesores han observado de generación en generación?

Cabe preguntar al Dalai si todavía recuerda la ensenanza del fundador del budismo, Sakyamuni, acerca de no implicarse en el proceso de la transmigración y observar la trascendental misión de librarse de las penalidades ¿Cómo librarse de ellas? Según Sakyamuni, la obstinación es fuente de penalidades en la transmigración, por lo que es imperativo abandonar el vicio.

Al empeñarse tercamente en escindir a la patria, ¿Sería capaz el Dalai de abandonar su obstinación ahora que tiene los días contados?

¿Cómo logrará el Dalai, angustiado por su propia transmigración, rencarnar su alma y librarse de las penalidades? (Pueblo en Línea)

18/07/2011

(El autor del artículo, Cao Shimu, es profesor de enseñanza religiosa de la Asociación China de Intercambios Religiosos y Culturales.)