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domingo, 31 de julio de 2011

Dalái Lama y la arena de tiempo

Dalái Lama
17:33 28/07/2011
Dmitri Kósirev, RIA Novosti

El pasado 06 de julio, el XIV Dalái Lama por primera vez llegó a Washington en una visita privada, y sólo como líder espiritual del Tíbet, ya que el pasado 27 de abril transfirió su "autoridad formal" política a los dirigentes tibetanos electos en el exilio. Fue la primera vez que tuvo la posibilidad de hablar no sólo de la política, sino también de la bondad, la eternidad y del amor como de una religión universal.

Al fin soy libre…

La visita de Tenzin Gyatso a EEUU coincidió con su 76 cumpleaños y con el inicio de la celebración de una oración budista de 10 días llamada Kalachakra (la Rueda del Tiempo) que habla del macrocosmos y microcosmos y del lugar y papel del ser humano. En el momento clave de la sabia ceremonia los participantes toman las mándalas, o representaciones simbólicas hechas de la arena, y las destruyen echando la arena al río para mostrar que cualquier cosa, por muy preciosa que sea, tarde o temprano es destruida por el tiempo.

Para el Dalái Lama, este año ha sido excepcional porque jamás fue tan libre e independiente como ahora. Aquí están las pautas de su vida que muestran que siempre dependió de algo o alguien.

Primero, a la edad de cinco años, fue proclamado encarnación del XIII Dalai Lama fallecido, por lo cual su vida fue condicionada a la voluntad de los lamas o maestros espirituales, una gente específica, en esencia, oligarcas y esclavistas. Luego dependió del poder central del país: hoy en el museo principal de Lhasa (Tíbet) se encuentra su carta del octubre de 1951 a Mao Zedong donde habla de serle fiel. Luego, después de que en 1959 fuera proclamado jefe de Gobierno en exilio en India, en Dharamsala empezó su convivencia nada fácil con los emigrantes tibetanos. Su vida fue toda una lucha, por eso es lógico que como uno de sus lemas considera el “no te rindas jamás, pase lo que pase”, aunque no parece nada budista.

¿Logrará alejarse de esta vanidad? No será fácil. Al menos, en Washington declaró ya que hay que ser hipócrita para abogar por la separación de la iglesia y el Estado pero aspirar, al mismo tiempo, a la posición del líder en ambas esferas. “Deben ser separados”, afirmó.

Así que ahora, es casi un misionero y nada más. El budismo tibetano, o lamaísmo, no abarca a todos los 200-500 millones de budistas. Mientras que los budistas de Tailandia y los del Tíbet parecen pertenecer a iglesias diferentes, por poner un ejemplo, los budistas de Rusia siguen la tradición tibetana.

Además es que el budismo no supone una jerarquía común, ni para la participación directa en la política (aunque en el Tíbet los lamas representaron el único poder), lo que le hace parecido al islam.

En lo que a los budistas norteamericanos se refiere, los varios centenares de los participantes del Kalachakra fueron miembros de las comunidades asiáticas locales, claro está. Pero también se sabe que entre la población blanca hay quienes escogen esta religión.

Así es el caso del poeta destacado, novelista e ídolo musical, Leonard Cohen, quien se retiró al monasterio budista. Participaron en la oración Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y Martin King, el hijo de Martin Luther King Jr., el autor de la frase célebre “¡Al fin somos libres!” gravada en su tumba como “al fin soy libre”.

El destino de la emigración tibetana y su papel

Pero aunque el Dalái Lama se alejó de la política, Pekín no se apresura a olvidarse de la sublevación que incitó en 1959 contra el poder central después de la cual en el Tíbet entraron las tropas chinas y empezaron las represalias. Y el destino de los tibetanos que viven en el extranjero parece muy vago tras la retirada de su líder espiritual.

Sí, es verdad que el budismo norteamericano parece más a la política que a la religión y supone gran dinero y negocio junto con la propaganda que no dejará de hablar sobre “los sufrimientos de la población del Tíbet ocupado”.

Pero todo lo demás está en contra de Dharamsala. El puesto de Dalái Lama en el Gobierno lo ocupa un profesor de Derecho de la Universidad de Harvard, Lobsang Sangay, una persona muy hábil. Pero a diferencia de los años 50 y 60 cuando la CIA realizó una operación a gran escala en el Tíbet, hoy la región representa nada más que una palanca de presión contra China entre otras, y no está claro si esta palanca representa interés alguno para EEUU.

No es un secreto para nadie que los emigrantes tibetanos ya apenas tienen algo que ver con las realidades de su país de origen.

Además, el mundo va cambiando. El sector de negocio norteamericano está a punto de llegar hasta el Tíbet. Las grandes empresas de EEUU y Europa, como el Ford y el Wal-Mart, están dispuestas a invertir en las provincias occidentales de China con sus ciudades gigantes de Chengdu, Wuhan, Kunming y Chongqing.

El volumen de inversiones extranjeras en la parte occidental de China subió en el primer trimestre de este año el 55,8%, mientras que en la oriental, sólo el 23%

Además, la sociedad china se hace más abierta, tanto para la salida como para la entrada. Según las estimaciones del Ministerio de Comercio de EEUU, en los próximos 5 años el turismo chino en EEUU subirá el 232%.

Será uno de los dos records para EEUU (el otro se refiere a Brasil). En Europa pasa lo mismo. Respecto al turismo de entrada, China ocupa hoy el tercer lugar en el mundo y aspira a ocupar pronto el segundo. El acceso de turistas al Tíbet es complicado, pero posible a través de Pekín y cuesta unos 1.700 dólares complementarios por persona.

El mundo cambia igual que la arena de tiempo de las mándalas del Kalachakra cae de las manos del Dalái Lama a las aguas del río.