Para correspondencias y contactos :
TEMPLOTAOISTA@YAHOO.COM

Por este link apoya al TIBET

Un libro Budista Shin

Desde aquí puedes realizar tu busqueda

domingo, 18 de septiembre de 2011

El traductor oficial del Dalai Lama, argentino y fan de las milanesas

18/09/11
Es ingeniero, pero cambió de rumbo en 1972, cuando conoció al líder espiritual en la India.
A los 25 años, Gerardo Abboud tenía una vida aparentemente interesante: un título universitario como ingeniero industrial, un trabajo prometedor en una multinacional que fabrica autos, apoyo económico de su familia, viajes por el mundo. Pero igual experimentaba un sentimiento de insatisfacción. “Algo me faltaba, aunque no sabía qué”, recuerda el hombre de 66 años, que con su vacío a cuestas se fue lejos. Primero vivió y trabajó en los Estados Unidos. Luego se fue para Inglaterra, se compró un auto en Alemania y desde allí manejó hasta alcanzar el norte Africa. Siguió camino y frenó en la India. Allí empezó a completarse. Se refugió en el budismo, y terminó siendo el traductor oficial al español del Dalai Lama, el líder espiritual del pueblo tibetano, que visitó la Argentina la semana pasada.
Abboud recibió a Clarín en su casa de Belgrano. Acaba de volver del aeropuerto, adonde fue a despedir al Dalai, a quien conoce desde 1972. En los últimos días, se la pasó haciendo traducciones de conferencias, pero no tiene ni una pizca de malhumor por tanto esfuerzo. Ofrece un café a la turca, en un living repleto de almohadones de la India y cuenta su historia.
“Mis padres eran de origen sirio y cristianos ortodoxos. Al venir al país se convirtieron al catolicismo. A mí me bautizaron a los 4 años. Para cuando terminé la universidad, yo era definitivamente un agnóstico. A los 25 años me di cuenta que el vacío que sentía no iba a irse si yo no cambiaba de rumbo”, cuenta. En su viaje de Africa del Norte hacia el este, alguien en Afganistán le habló del budismo. Esto se sumó al impacto de la lectura del libro Fragmentos de una enseñanza desconocida, del filósofo ruso Piotr Ouspenski. Decidió irse a la India. “Eran los ‘60 y muchos querían ir ahí. No es una fantasía: la India es un país espiritual”. Se quedó a vivir allí y en Nepal durante 14 años. “Al principio, me refugié en el budismo, pero con el escepticismo de un ingeniero, que todo lo duda”, aclara. Aprendió a hablar en idioma tibetano y llegó a ser aceptado dentro de un monasterio. Meditaba 12 horas al día.
Su habilidad para los idiomas le permitió trabajar rápidamente como traductor de turistas: del tibetano al inglés o al español. En 1983 vino a Buenos Aires para un encuentro budista y conoció a su gran amor, Juana Lóizaga, que era una de las organizadoras de la actividad. Dos años después regresó al país. “Dos lamas fundaron el centro budista que presido. Desde hace 25 años venimos haciendo dos reuniones por semana. Nunca me arrepentí de haber abandonado la ingeniería industrial, una profesión que sólo busca maximizar la ganancia con el menor costo”, afirma este fanático de las milanesas, los picantes de la India y los partidos de tenis por TV.
En el año 1992, cuando el Dalai Lama vino a la Argentina por primera vez, Abboud se convirtió oficialmente en el traductor. “Cuando me convocaron para traducir el mensaje al líder religioso, yo tenía cierta aprehensión por la responsabilidad que implica. El habla muy rápido. Pero con el paso del tiempo, comencé a entenderlo más y lo que hago cuando lo traduzco es ir organizando en mi cabeza sus dichos como si fuera por capítulos”, dice Abboud.
Vive en la furiosa Buenos Aires y viaja cada tanto para oficiar de traductor del Dalai Lama y otros monjes: retiene las palabras que dicen durante 15 minutos y las traduce. Más llamativo, Abboud emana, ahora, una dulce calma. ¿Cómo lo hace? “Practico meditación todos los días y cuando las cosas se ponen densas, pienso que no son tan sólidas como parecen”.