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domingo, 2 de octubre de 2011

La Soka Gakkai en Cuba (Continuación)

8 Septiembre 20116 Comentarios
Soka Gakkai
Entrevista a Girardo Rodríguez Plasencia, Máster en Estudios sobre Asia por la Universidad de Ritsumeikan, Japón.
Rosa María de Lahaye.- Girardo, ¿Los religiosos cubanos que pertenecen a la Soka Gakkai mantienen vinculo con otras religiones practicadas acá en Cuba?
Girardo Rodríguez Plasencia.- Ese es un tema de cierta complejidad. Consecuente con sus principios de fomentar la paz mundial y la diversidad cultural, la Soka Gakkai Internacional (SGI) expresa respeto por la libertad de religión. En Cuba, esta organización ha participado en encuentros de diálogo con representantes de otras religiones. De igual modo, son frecuentes entre los practicantes cubanos las declaraciones de tolerancia por la diversidad religiosa.
Acercarse a la SGI no exige la renuncia a las creencias y prácticas religiosas anteriores, al menos en las primeras etapas. Si bien oficialmente no se orienta la afiliación exclusiva a la organización, parece existir cierta expectativa de que el practicante gradualmente gane en dominio de la doctrina del Budismo de Nichiren, a fin de efectuar un proceso de descarte de otras opciones espirituales. Pero de cualquier modo, es el propio individuo quien decide.
Las expectativas de afiliación exclusiva a la Soka Gakkai pueden hacerse más explícitas a partir de que el practicante recibe el “objeto de veneración” (Gohonzon, en idioma japonés), convirtiéndose en miembro oficial y suponiendo un mayor compromiso con la organización y su cosmovisión. Para el converso de la SGI, la totalidad de los fenómenos y potencialidades están representadas en el Gohonzon, espejo del “yo” iluminado, el Buda interior, la esencia de la “ley mística”, exclusivamente manifestada por Nichiren. No es necesario, pues, ni recomendable -apuntan algunos- acudir a otros recursos religiosos.
Durante las décadas de 1950 y 1960, la Soka Gakkai en Japón requería de sus nuevos miembros que retiraran cualquier objeto o símbolo de otras religiones. Aunque en la actualidad no se observa ya esta práctica, se orienta que al menos no se sitúen otros objetos religiosos cerca del altar budista donde se instala el Gohonzon. De esta manera, el altar budista funciona como un espacio simbólico de exclusión religiosa, por cuanto los objetos de otros credos adquieren aquí un nuevo sentido, aquel de tabú, de interdicción.
A nivel mundial, los miembros de la SGI mantienen que su organización practica y difunde el Budismo de Nichiren, el cual señala el camino a todos los seres humanos para lograr en el individuo la Budeidad o estado de iluminación, y alcanzar la revolución humana mediante la transformación del karma colectivo. O sea, cambiar el odio en compasión, el sufrimiento en felicidad, la guerra en la paz, la inseguridad en valor y fuerza vital. Tal sentido de misión de la Soka Gakkai es nuclear en la conformación de una identidad religiosa que tiende inevitablemente a distinguirse y a encontrar un lugar en la cultura religiosa cubana.
Por eso no es de asombrarse que algunos miembros manifiesten sus opiniones sobre otras religiones, que aunque quizás no sean representativas del criterio de la organización, son particularmente significativas. Podemos referirnos a las observaciones de varios practicantes que consideran desacertado acudir a deidades y poderes externos, como ocurre en el Catolicismo. Para otros, el Protestantismo es demasiado estricto. En cuanto a las religiones de origen africano, existe una imagen negativa en algunos practicantes acerca del vínculo entre comercialización y estas manifestaciones religiosas. Hay quien expresa poca simpatía hacia los valores de estas tradiciones, tales como los sacrificios de animales y el uso de la religión con fines perniciosos. “El Budismo no te da la posibilidad de hacer el mal”, señala un joven converso. Un ejemplo bastante elocuente lo encontramos en la comparación que hizo una practicante entre “la conga” y algunas manifestaciones religiosas de nuestra sociedad:
“La religión yoruba te dice: ‘Entra en la conga y emborráchate’.
La católica: ‘Cuidado con el mal, hijo’.
Y la budista: ‘Ve y diviértete, sin caer en excesos.’”
Y es que el propio Nichiren, allá por el siglo XIII, estaba convencido de la superioridad de su doctrina y a menudo se mostraba crítico hacia las demás expresiones religiosas del Japón de su época. Desde sus inicios, el Budismo de Nichiren ha encontrado su propia validación en el monopolio simbólico de lo sagrado, sustentado en el supuesto de la supremacía del Sutra del Loto, en Nichiren como su único exponente, y en la difusión de su particular forma de Budismo como el remedio para obtener la paz de la humanidad. Esta postura se reforzó en la escuela Nichiren Shoshu, la organización budista tradicional de la cual emergió la Soka Gakkai. Con el tiempo, surgieron tensiones entre estas dos organizaciones que afirmaban su propia idoneidad para difundir al mundo moderno el Budismo “verdadero”, separándose finalmente a inicios de la década de 1990.
No obstante, se debe reiterar que por lo general los conversos de la Soka Gakkai en nuestro país no expresan criterios negativos acerca de otras religiones, sino que asumen una postura de respeto y tolerancia. Incluso, en algunos miembros se evidencia la persistencia de su religiosidad anterior. Por ejemplo, hay quien todavía mantiene objetos de otras religiones, aunque nunca cerca del Gohonzon. Por otra parte, parece existir un sincretismo religioso, aún débil, de elementos difusos de las religiones afrocubanas, interpretados a la luz de la filosofía budista, insertándose así en la lógica de una potencial transculturación nada ajena a nuestra insularidad plural y sintetizadora.
Pero estos casos no son comunes. Más bien, hasta donde hemos podido avanzar con la investigación, lo que predomina en la Soka Gakkai en Cuba es la tendencia a identificarse únicamente con la filosofía y rituales de esta organización budista. Muchos declaran haber abandonado sus creencias y prácticas religiosas anteriores, en la medida en que profundizaban en el estudio de la doctrina del Budismo de Nichiren y experimentaban beneficios en la práctica.
Este hecho es de sumo interés, si tenemos en cuenta que la religiosidad más extendida en la sociedad cubana se caracteriza por el sincretismo de elementos de diversos sistemas religiosos -principalmente, Catolicismo, Espiritismo y religiones cubanas de origen africano, un bajo nivel de filiación institucional, y una funcionalidad relacionada con la solución de problemas personales de la vida cotidiana, entre otros rasgos.
En la tendencia a la afiliación exclusiva a la Soka Gakkai podemos ver un indicador de las transformaciones que se dan en el cuadro religioso cubano a partir de la crisis estructural de los 90. Este fenómeno se evidencia, además, en el significativo crecimiento de las iglesias evangélicas, por lo cual el estudio de estas dos manifestaciones religiosas demanda cierto reajuste en nuestra manera de concebir la religiosidad cubana actual.
R.M.L.G.- Muchas gracias por estas aproximaciones a aspectos de la cultura popular cubana que no han sido lo suficientemente divulgadas. Sin duda ha quedado bastante en el tintero, y esperamos poder seguir contando con tu participación.