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domingo, 18 de septiembre de 2011

SUSANA GIMENÉZ CON EL DALAI LAMA (14/09/11)

Dalai Lama (oceano de sabiduria)-Argentina-BsAs- 14/09/2011

China impide que Argentina condecore al Dalai Lama

"Todas las religiones tienen un mismo mensaje", aseguró el Dalai Lama

Es la cuarta visita del guía espiritual de los tibetanos. Llamado a los jóvenes por un mundo mejor. Convocó a desarrollar el interés por el bienestar ajeno y reducir el egocentrismo.

El Dalai en la rueda de prensa que ofreció en un hotel porteño.
Un silencio profundo invadió la sala del hotel Four Seasons, en Buenos Aires. Con paso lento, pero firme, el XIV Dalai Lama atravesó las puertas donde se desarrolló la conferencia de prensa, el pasado martes. Instantáneamente, flashes y aplausos de admiración invadieron el lugar y enseguida, él, maestro de maestros, pidió que cesara la calurosa bienvenida y los periodistas se sentaran.
Con una humildad evidente y el buen humor que lo caracteriza, rompió el hielo: "Tengo principalmente dos compromisos. El primero, como uno más de los siete mil millones de seres humanos en el planeta, es el de la promoción de los valores humanos fundamentales, para lograr una vida más feliz y más pacífica. El segundo, soy un monje budista, y como tal, aprecio a todas las religiones. Creo que todas tienen un mismo mensaje de amor, compasión, tolerancia, y por ello tienen que estar unidas, eso va a contribuir a la salud del planeta y mejorar la vida de todos. Por eso mi segundo compromiso es lograr la armonía entre todas las religiones".
Personaje histórico de la humanidad, premio Nobel de la paz 1989, líder espiritual y temporal del Tíbet, este hombre de 76 años continúa sus viajes por el mundo llevando un mensaje pacifista que trasciende su principal causa: pedir por la liberación de su país, del que debió exiliarse en 1959 cuando la invasión china —que tuvo lugar en 1950—, se volvió intolerable. Así fue que emigró a Dharamsala, en el norte de la India, donde recibió asilo político y desde ese entonces está fijada su residencia y la de miles de compatriotas, además del Gobierno tibetano en el exilio. En su breve visita a Buenos Aires —la cuarta luego de las de 1992, 1999 y 2006-, no dejó de mencionar el anuncio que hizo en marzo de este año: la delegación de la responsabilidad política al actual Primer Ministro del exilio tibetano, Lobsang Sangay, elegido democráticamente. No obstante, continúa siendo el líder espiritual de su pueblo y de millones de personas en el mundo que adhieren a su mensaje de paz y sus enseñanzas milenarias, basadas en el budismo.
"En la vida actual, inmersa en todo tipo de actividades, stress y ansiedad, una práctica espiritual que consista en retirarse y pasarse años en aislamiento, es imposible. Pero si incorporamos una conducta que refleje que somos honestos, verdaderos, transparentes, naturalmente cuando empezamos a actuar de esa manera, eso ayuda a nivel físico", explicó en alusión a cómo practicar la espiritualidad cotidiana, en un mundo que parece arrastrarnos en su vorágine. A su lado, asentía con una sonrisa una visita ilustre a la conferencia de prensa, el premio Nobel de la paz argentino Adolfo Pérez Esquivel.
Un mensaje a los jóvenes. Horas más tarde, Juan Carr ,de Red Solidaria, daba la bienvenida a la primera charla al público, que tuvo lugar en el teatro Coliseo porteño. Una vez más, sonrisa y extrema sencillez de por medio, saludó al auditorio de jóvenes que habían ido a escuchar sus palabras.
"La generación del siglo XX a la que pertenezco causó mucho mal, guerras, gran violencia. Pero se está despidiendo, y la responsabilidad está en la juventud. Recién pasaron once años de este siglo, quedan otros 89 para lograr el cambio", dijo a la multitudinaria asistencia.
"Simplemente desear que haya paz no es efectivo. Hay que cambiar la visión centrada en el propio interés por la visión holística y fomentar el diálogo", continuó, al tiempo que pidió por la desmilitarización y la valorización de la firme creencia de que el mundo, es cada vez más interdependiente, más global: "Los límites entre los países ya no tienen mucho sentido, el mundo es una única y misma unidad, entender esto lleva a la paz".
Se despidió instando a los jóvenes a la acción y a desarrollar el interés por el bienestar ajeno para vivir mejor. "Tienen la fuerza de ser muchos, de la verdad, la posibilidad de construir una humanidad mejor y que también cuide al medio ambiente. ¿Quien va a producir las mejoras? Sólo el propio individuo. Si puede influenciar a su familia, y esa familia a otras diez, y esas diez a su comunidad, y esa comunidad al mundo… Quizá en unas décadas podamos ver buenos resultados", subrayó.
Un día después, el miércoles pasado la cita fue en el Luna Park: dos conferencias atrajeron a más de diez mil personas. "Encontrando la felicidad en tiempos difíciles", era el atractivo título de la charla de la mañana, que se centró en cómo desarrollar introspectivamente cualidades humanas fundamentales como el amor, la compasión, la paciencia, la empatía y el contentamiento, para transformar actitudes y hallar paz y bienestar en un mundo que progresa en lo material, pero aún así no brinda la felicidad por esa vía.
Después del mediodía abordó "El entrenamiento de la mente en siete puntos", exposición que se basó en la explicación del texto del siglo XII compuesto por Geshe Chaykawa. A través del entrenamiento de la mente, la meditación, el aprendizaje espiritual y el desarrollo de la compasión, se puede lograr el bienestar propio y favorecer al entorno. "Considero que la religión es una cuestión individual, por eso promuevo una ética secular y universal", afirmó en Dalai, invitando a todos a poner en práctica sus enseñanzas, sean o no budistas.
"Es importante cultivar dentro de nosotros un corazón compasivo y cálido, son cualidades fundamentales para ser más felices y pacíficos, a su vez para construir una familia sobre esos valores y que eso se transforme en una comunidad entera", insistió el Dalai Lama en la última conferencia que dio en el país antes de partir a Brasil.

Tenemos que desarrollar el interés por el bienestar ajeno. Somos seres sociales. Dependemos de los demás para nuestro bienestar: necesitamos amistad, confianza. Si me preocupo por el bienestar ajeno, siento las bases para vivir mejor"

El traductor oficial del Dalai Lama, argentino y fan de las milanesas

18/09/11
Es ingeniero, pero cambió de rumbo en 1972, cuando conoció al líder espiritual en la India.
A los 25 años, Gerardo Abboud tenía una vida aparentemente interesante: un título universitario como ingeniero industrial, un trabajo prometedor en una multinacional que fabrica autos, apoyo económico de su familia, viajes por el mundo. Pero igual experimentaba un sentimiento de insatisfacción. “Algo me faltaba, aunque no sabía qué”, recuerda el hombre de 66 años, que con su vacío a cuestas se fue lejos. Primero vivió y trabajó en los Estados Unidos. Luego se fue para Inglaterra, se compró un auto en Alemania y desde allí manejó hasta alcanzar el norte Africa. Siguió camino y frenó en la India. Allí empezó a completarse. Se refugió en el budismo, y terminó siendo el traductor oficial al español del Dalai Lama, el líder espiritual del pueblo tibetano, que visitó la Argentina la semana pasada.
Abboud recibió a Clarín en su casa de Belgrano. Acaba de volver del aeropuerto, adonde fue a despedir al Dalai, a quien conoce desde 1972. En los últimos días, se la pasó haciendo traducciones de conferencias, pero no tiene ni una pizca de malhumor por tanto esfuerzo. Ofrece un café a la turca, en un living repleto de almohadones de la India y cuenta su historia.
“Mis padres eran de origen sirio y cristianos ortodoxos. Al venir al país se convirtieron al catolicismo. A mí me bautizaron a los 4 años. Para cuando terminé la universidad, yo era definitivamente un agnóstico. A los 25 años me di cuenta que el vacío que sentía no iba a irse si yo no cambiaba de rumbo”, cuenta. En su viaje de Africa del Norte hacia el este, alguien en Afganistán le habló del budismo. Esto se sumó al impacto de la lectura del libro Fragmentos de una enseñanza desconocida, del filósofo ruso Piotr Ouspenski. Decidió irse a la India. “Eran los ‘60 y muchos querían ir ahí. No es una fantasía: la India es un país espiritual”. Se quedó a vivir allí y en Nepal durante 14 años. “Al principio, me refugié en el budismo, pero con el escepticismo de un ingeniero, que todo lo duda”, aclara. Aprendió a hablar en idioma tibetano y llegó a ser aceptado dentro de un monasterio. Meditaba 12 horas al día.
Su habilidad para los idiomas le permitió trabajar rápidamente como traductor de turistas: del tibetano al inglés o al español. En 1983 vino a Buenos Aires para un encuentro budista y conoció a su gran amor, Juana Lóizaga, que era una de las organizadoras de la actividad. Dos años después regresó al país. “Dos lamas fundaron el centro budista que presido. Desde hace 25 años venimos haciendo dos reuniones por semana. Nunca me arrepentí de haber abandonado la ingeniería industrial, una profesión que sólo busca maximizar la ganancia con el menor costo”, afirma este fanático de las milanesas, los picantes de la India y los partidos de tenis por TV.
En el año 1992, cuando el Dalai Lama vino a la Argentina por primera vez, Abboud se convirtió oficialmente en el traductor. “Cuando me convocaron para traducir el mensaje al líder religioso, yo tenía cierta aprehensión por la responsabilidad que implica. El habla muy rápido. Pero con el paso del tiempo, comencé a entenderlo más y lo que hago cuando lo traduzco es ir organizando en mi cabeza sus dichos como si fuera por capítulos”, dice Abboud.
Vive en la furiosa Buenos Aires y viaja cada tanto para oficiar de traductor del Dalai Lama y otros monjes: retiene las palabras que dicen durante 15 minutos y las traduce. Más llamativo, Abboud emana, ahora, una dulce calma. ¿Cómo lo hace? “Practico meditación todos los días y cuando las cosas se ponen densas, pienso que no son tan sólidas como parecen”.