Para correspondencias y contactos :
TEMPLOTAOISTA@YAHOO.COM

Por este link apoya al TIBET

Un libro Budista Shin

Desde aquí puedes realizar tu busqueda

lunes, 19 de marzo de 2012

Entre lo exotérico y lo esotérico

Gustavo Estrada

Más allá de una incomprensible fe religiosa, cada ser humano puede experimentar el nirvana.

Buda, expresamente recomienda no perder tiempo con discusiones metafísicas.

Los territorios de la física racional (lo exotérico material) y la metafísica animista (lo esotérico inmaterial) carecen de comarcas comunes y sus habitantes jamás se aproximarán, pues hablan idiomas distintos y sus cerebros funcionan de manera diferente.
En un lado están los extremistas de la izquierda y los radicales ateos -los que escriben "dios" con minúscula- que ya respondieron todas sus preguntas y en cuya suficiencia de razón no penetra la duda. En el otro se encuentran los intransigentes de la derecha y los fanáticos de todas las religiones -los creacionistas, para quienes el universo tiene seis mil años; los musulmanes de guerra santa, los devotos que consideran su doctrina como la única cierta, los fervorosos que conversan con Dios-, a quienes les sobra fe pero se quedaron cortos en raciocinio.
Para fortuna de la humanidad, hay un campo abierto en el medio de estos opuestos. Allí caben los tolerantes de todos los credos, los creyentes que ven en su religión más una comunidad que una verdad revelada, los ateos respetuosos de la opinión ajena y los agnósticos que reconocen las limitaciones de la mente para comprender el Orden Universal. En esa amplia gama de grises, sobresalen algunos grupos interesantes, dos de los cuales queremos destacar en esta oportunidad. 
El primer grupo, el nuevo, de generación espontánea en los años recientes, es una especie de Nueva Espiritualidad, un centro "radical" que se adhiere a la investigación científica pero reconoce que el cerebro es el resultado de la selección natural para supervivir y favorecer descendencia, y no para resolver todos los misterios del cosmos. (Esta espiritualidad contemporánea, hay que resaltarlo, nada tiene que ver con esa extraña amalgama donde se mezclan la astrología, los ángeles, los médiums, las vidas anteriores y las reencarnaciones futuras).
En el primer grupo caben, entre muchos, la espiritualidad atea del filósofo francés André Comte-Sponville y el sentido de Dios interpretado como la creatividad misma del universo del biólogo norteamericano Stuart Kauffman. "La apertura a lo infinito, lo eterno y lo absoluto es el espíritu mismo", dice el francés. "Dios es la incesante creatividad del universo, la biósfera y la vida humana", sostiene el norteamericano.
El segundo grupo, el antiguo, iniciado hace veinticinco siglos, es el budismo pragmático, la esencia y el subconjunto reducido de los conceptos que quedan del budismo religioso cuando se le sustraen todos los componentes del dogma y el culto. El budismo pragmático deja por fuera la necesidad de maestros para progresar hacia la verdad, la existencia de seres o estadios inmateriales, la ocurrencia de milagros e intervenciones divinas, la reverencia exagerada hacia los maestros y los santos, y la noción de renacimientos constantes a través de una corriente transferible de consciencia.
Siddhattha Gotama, el sabio de la India, más conocido como el Buda, expresamente recomienda no perder tiempo con discusiones metafísicas: «La afirmación o negación de hipótesis sobre asuntos sobrenaturales, sean estos la eternidad del universo, la existencia del alma, el renacimiento o la reencarnación, es solo un manojo de creencias sesgadas, un desierto de opiniones, una manipulación de prejuicios que en nada conducen a la cesación del sufrimiento».
La esencia de las enseñanzas del Buda se resume en cuatro postulados: (1) el reconocimiento del sufrimiento emocional, (2) la identificación de sus raíces, (3) la posibilidad de experimentar la armonía interior una vez se extirpan las raíces del sufrimiento y (4) la forma como la destrucción de tales raíces puede lograrse. Toda divagación por fuera de estos conceptos es, según el Buda, una pérdida completa de tiempo.
Más allá de una incomprensible fe religiosa, tengo una razonada esperanza mundana de que, entre la espiritualidad atea de André Comte-Sponville, el Dios neutral de Stuart Kauffman y las enseñanzas de Siddhattha Gotama, cada ser humano, sin distinciones de idioma, origen o color, puede eventualmente experimentar esa armonía interior, ese nirvana terrenal que todos anhelamos. La sumatoria de millones de esos nirvanas individuales ha de llevarnos algún día -y aquí reconozco una buena dosis de fe- a la tan añorada paz universal.
* Autor de 'Hacia el Buda desde el Occidente'