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martes, 25 de septiembre de 2012

Interesante Articulo

Los sherpas viven el budismo como forma de supervivencia

"Que Buda nos otorgue la cumbre y nos devuelva sanos y salvos"

tomado de MARCA.COM

15/09/12 - 15:08.
    Campo base del Dhaulagiri, Nepal, 15 de septiembre de 2012.- Cuando las condiciones del entorno son tan hostiles que la vida o muerte del ser humano depende de los fenómenos naturales, la religiosidad es inevitable. El frío extremo, la altitud o la falta de alimento accesible son el día día habitual para miles de hombres y mujeres en el Himalaya, que ven en la naturaleza su mejor aliado, y al mismo tiempo su mayor enemigo. Ahí es donde entra en escena el budismo, sin lugar a dudas la principal corriente religiosa presente en las expediciones a las grandes montañas.
    El fervor budista está encarnado en los sherpas que acompañan a los alpinistas. Es habitual, durante las largas caminatas monte arriba, escucharles murmurando rezos mientras abren huella en la nieve. Muchos de ellos incluso tienen la categoría de lama, lo que les permite oficiar ceremonias religiosas destinadas a recabar buena suerte, salud, y éxito en el ascenso a las cumbres. Todos sus movimientos, ya sea a 8.000 metros o a 800, giran en torno a Buda y a la inevitable influencia ainimista a la hora de contemplar la existencia.
    Como explica Luis López Soriano, cámara de la Expedición BBVA-Carlos Soria al Dhaulagiri y experto en culturas orientales, “en un sitio como éste, es inevitable que el animismo -tener a la naturaleza como principal referencia- tenga una presencia muy importante. Aquí los fenómenos naturales marcan la línea entre la vida y la muerte, y en ese sentido, el budismo permite a los sherpas canalizar esa creencia y poder dirigirse a una realidad más trascendente”.
    Para los sherpas, la referencia a Buda y a sus enseñanzas es su forma de vida. Son capaces de realizar sacrificios inmensos -impensables para los occidentales´- con tal de cumplir sus obligaciones espirituales. No es raro verles cargar piedras enormes para construir altares, o recorrer distancias kilométricas a gran altitud para recoger arbustos de enebro con los que encender piras como homenaje al Príncipe Siddharta.
    La principal ceremonia es conocida como “puja”, un acto primordial que se celebra siempre al principio de cualquier expedición en el Himalaya. De duración variable -entre 15 minutos y dos horas-, su objetivo es almacenar energía positiva que se traduzca en escalar a la cumbre y volver para contarlo. El simbolismo de la ceremonia es evidente: los bienes más preciados y las herramientas de trabajo se ponen a disposición de las fuerzas sobrenaturales para lograr su bendición y convertirlos en objetos sagrados.
    Arroz, mantequilla y cocacolas
    En el caso de las expediciones a las montañas de ochomil metros, los bienes más preciados por los sherpas, y protagonistas de la “puja”, no tendrían casi valor en cualquier supermercado de Occidente. Sin embargo, en medio de un glaciar a casi 5.000 metros de altitud, valen su peso en oro. El arroz, principal alimento de la zona, y la mantequilla de yak, símbolo de buena suerte desde tiempos inmemoriales, son las dos principales fuentes de energía en el Himalaya. Junto a ellas, el “tsampa” (una pasta ultracalórica elaborada con harina), e incluso galletas, caramelos y maíz en forma de palomitas. Por supuesto, también se agradece a las deidades de la naturaleza los lujos con los que se cuenta. Ahí aparecen, con importancia suprema durante la ceremonia, la cerveza, la cocacola y el whisky, cuya ingestión en pequeña dosis culmina cualquier “puja” oficiada en el Himalaya.
    Las herramientas, por su parte, son aquellas a las que tanto alpinistas como sherpas van a confiar sus vidas: cuerdas, cascos y botas de alta montaña se untan de mantequilla y se bendicen para que guíen con tino los pasos hacia la cima. En el caso de la Expedición BBVA al Dhaulagiri, Muktu, el jefe de los sherpas que acompañan a Carlos Soria, lo explica con sencillez: “Que Buda nos otorgue llegar a la cumbre, y nos permita volver sanos y salvos”.