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viernes, 19 de octubre de 2012

Ciudad de Dios

El espectador.com

Por: Ricardo Abdahlla / París

El templo budista más grande de europa es el primer proyecto terminado del barrio de las religiones, una búsqueda de la convivencia en los suburbios de la región parisina.


Algunos miembros de la comunidad Fo Guang Shan asisten al templo de Bussy-Saint-Georges.
Foto: Angélika Simbaqueba
Algunos miembros de la comunidad Fo Guang Shan asisten al templo de Bussy-Saint-Georges.
La venerable Ru Hai, que hace seis meses muestra los miles de rectángulos que cubren dos de las paredes de la sala del recogimiento del templo de la orden Fo Guang Shan en Bussy-Saint-Georges, dice mientras ríe: “En estas tablitas cada familia escribirá los nombres de sus antepasados para venir a rendirles homenaje. Antes se hacía en las casas, pero está como pasado de moda”. Una imagen de Buda ocupa otra de las paredes de la sala aún cerrada para el público. La cuarta pared es un ventanal de 30 metros que da a un jardín, más allá del cual hay un parqueadero. Luego una estructura de concreto de dos pisos de alto: “Ese es el templo de los budistas lao. Ellos serán nuestros vecinos”.
Los practicantes del budismo lao vienen en su mayoría de Laos y Vietnam. Los que siguen la vertiente Fo Guang Shan, como Ru Hai, quien ha pasado por monasterios de Brasil, España y Portugal, tienen origen taiwanés, aunque muchos descienden de familias que han vivido en Tailandia o Camboya. Más tarde, en el comedor del templo, donde todas las sillas miran hacia los principios de una buena comida y rodean una estatua de Buda (“Gordito, ¿si ve? Es así como lo representan en Latinoamérica”), dice que no hay un asomo de competencia entre las diferentes vertientes del budismo. “Lo que nos importa es ser buenas personas, ¿no? Qué más da que uno sea budista tibetano, budista lao, cristiano o musulmán”.
Cuando el templo lao esté terminado, verán hacia el este un jardín y luego un parqueadero y en el lugar donde ahora hay otra estructura en concreto, la mezquita de la asociación Tawa, dos mil metros cuadrados y un minarete construido completamente en vidrio e integrado a la estructura del edificio.
Recorriendo el campo que se extiende en las afueras de Bussy-Saint-Georges, una ciudad a la mitad de los treinta kilómetros que separan París y Eurodisney, se observan abandonadas las que en otra época fueron fincas y casas de campo. Una de ellas estuvo ocupada en el siglo XVII por Madame de Montespan, amante del rey Luis XIV.
Hasta principios de los años 80, Bussy no fue más que un pueblito de 500 habitantes. A partir de entonces comenzó a desarrollarse como una “ciudad nueva” (ville nouvelle), un tipo de proyecto urbanístico consistente en impulsar las ciudades dormitorio para crear nuevos centros de trabajo y descongestionar las capitales. Actualmente, Bussy tiene 25.000 habitantes, en su mayoría extranjeros y familias que huyen de los altos precios y los pequeños espacios que caracterizan los arriendos en París. Por los 800 euros mensuales que cuesta un estudio de 18 metros cuadrados en la capital, es posible arrendar un apartamento de tres habitaciones en Bussy-Saint-Georges.
Alcalde desde 1998, el centrista Hugues Rondeau fue el impulsor de un plan de ordenamiento territorial en el que se contemplaba que tres hectáreas de los terrenos ocupados por granjas improductivas o abandonadas serían vendidas por el municipio, a un precio menor que el del mercado inmobiliario, a asociaciones de carácter religioso que tuvieran capacidad de construir centros de culto con recursos propios. Así buscaba impulsar lo que él llama “vitrina de un laicismo inteligente”.
Con la creación del “barrio de las religiones” se espera que los creyentes del departamento tengan un lugar en el cual asistir a sus servicios sin necesidad de desplazarse hasta París, pero, según el ayuntamiento local, el propósito es convertir el barrio, del que en el futuro harán parte un centro cultural armenio y una sinagoga, en un espacio de intercambio y convivencia. Una iglesia católica existe desde 1998 a unos cuantos cientos de metros del nuevo proyecto urbanístico.
“¿Se imaginan cuando los niños salgan los domingos después de todas las ceremonias y se encuentren en los jardines para jugar?”, dice Ru Hai. El templo cuenta además con setenta habitaciones para los miembros de la comunidad que residen en el lugar, varios salones de clase en los que se enseñará incluso cocina vegetariana, una biblioteca, una docena de jardines interiores y un espacio que se convertirá en un centro de exposiciones sobre la cultura budista en China.
Antes de mudarse el mes pasado al local de Bussy-Saint-Georges, los miembros de la comunidad Fo Guang Shan se reunían en un modesto local en Vitry-Sur-Seine, dos kilómetros al sur de la capital. Si durante dos décadas esa sede funcionó tanto como lugar de culto como centro cultural, con cursos de idioma y cultura para los inmigrantes de segunda generación, hoy sólo queda un Buda que parece esperar a los visitantes que no llegan. “La idea es reabrir ese espacio en unos meses”, comenta Ru Hai, y agrega, “por ahora queremos inaugurar nuestro nuevo templo, no exagero si le digo que construir este nuevo templo nos tomó veinte años de trabajo”.
Los planes de construcción, sin embargo, fueron modificados constantemente debido a las exigencias de la reglamentación francesa. Mientras en Asia son los fieles quienes levantan con sus propias manos los muros, las disposiciones europeas exigen obreros calificados y planos certificados. “En nuestros templos aprovechamos cada metro cuadrado. Aquí es necesario dejar mucho espacio libre para las rutas de evacuación y las salidas de emergencia, sobre todo cuando uno recibe tal cantidad de gente”, dice Ru Hai, mientras muestra, al fondo de la gran sala de oración que permite recibir hasta dos mil personas, el gran orgullo del templo de Bussy-Sainte-Georges, un Buda de ocho toneladas y cinco metros de alto tallado en una sola roca de jade blanco extraída de las montañas de Camboya.
Junto al creciente interés por el budismo en las sociedades occidentales, la estatua de Buda es una de las razones que explican que cada fin de semana algunas decenas de familias de confesiones diferentes al budismo visiten el templo, cuya construcción costó alrededor de 15 millones de euros.
El edificio, construido con una arquitectura moderna, como todos los que ocuparán el barrio, ha despertado la curiosidad de los habitantes de la ciudad, quienes en general ven con buenos ojos el proyecto. Hughes, pensionado de la industria automotriz que vive en la ciudad desde hace veinte años, permite que, al poder practicar su culto en locales decentes y de manera organizada, la gente “sienta que se respetan sus creencias y su modo de vida, lo que ayuda a que también respeten los modos de vida de los demás”.
Para Dominique, igualmente pensionada y quien cambió hace cinco años su apartamento en París por uno más espacioso en la ciudad, “lo más importante es que los edificios no se limiten al culto sino que se abran hacia la comunidad, pues hay muchos chinos en la ciudad, pero nunca tenemos muchas oportunidades de discutir con ellos”, dice. Al menos el 30% de la población es de origen asiático.
El templó abrió sus puertas el pasado mes de julio. “Como ya estamos realizando nuestras ceremonias, dicen que ya inauguramos el templo, pero nos faltan muchas cosas”, aclara Ru Hai. “Cuando sea la inauguración se hará una gran fiesta y a los que quieran venir a acompañarnos no les vamos a preguntar si son budistas o no”.
LA FRANCIA BUDISTA
La religión budista en Francia cuenta con cerca de 800.000 feligreses. Los creyentes, en su gran mayoría, vienen de familias originarias de Camboya, China, Vietnam y Laos. Aunque el número de creyentes es considerable, su distribución no es homogénea en el territorio. De hecho, los principales focos budistas se encuentran en las regiones de París, Normandía y Bretaña. Desde 1982, el Dalái Lama, su máxima autoridad, ha visitado el país en tres ocasiones: 1982, 1993 y 2008.
En esta última oportunidad y como hecho anecdótico, el monje recibió a la entonces primera dama, Carla Bruni, durante la inauguración de un templo en el sur del país.
Antes de la construcción del templo budista, Grande Salle de Bouddha, a las afueras de París (ver nota abajo), la construcción de este tipo más grande de Europa se encontraba en la localidad de Pedreguer, España, donde en 2006 se levantó el templo Sakya Drogon Ling.
La comunidad budista en Europa Occidental alcanza un población cercana a los 20 millones y en Estados Unidos se acerca a los 6 millones.
UN TEMPLO GRANDE PARA BUDA
Fue por iniciativa de Shih Hsing-Yun, el fundador y líder mundial de la comunidad budista Fo Guang Shan —que cuenta con c erca de doscientos templos, 22 de ellos en Europa, y una importante presencia en el Cono Sur de América Latina— que se decidió levantar un gran centro budista en París. Hasta ese entonces el mayor templo budista de Francia era la pagoda tibetana ubicada en el bosque de Vincennes. Ante la imposibilidad práctica de encontrar en el interior de la capital un lote de las dimensiones necesarias, el terreno de Bussy Bussy Saint-Georges, a 15 kilómetros de la capital, parecía perfecto.