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viernes, 6 de enero de 2012

Entrevista al Maestro Zen Dokushô Villalba


Vie, Dic 16, 2011
La magia y la sabiduría presentes, en este, nuestro Universo, se dan la mano en las respuestas de nuestro querido Maestro:
1 . ¿Cómo nos describiría los significados de las palabras, “paz interior” y “felicidad”? Y sobre todo ¿cuál o cuáles son los caminos que nos conducen a su obtención?
“Desde mi experiencia, la paz interior aparece cuando vivimos en acuerdo con lo que nos dicta nuestra propia conciencia, cuando somos íntegros y honestos con nosotros mismos. En el fondo de sí mismo, cada uno sabe lo que está bien y lo que está mal, lo que uno mismo necesita para ser feliz y tener una vida plena.
Ahora bien, sucede muy a menudo que por un lado pensamos una cosa y por otro hacemos la contraria. Esta disociación crea en nuestra mente inquietud y zozobra. Finalmente, todos vamos a morir y, en el momento de la muerte, lo único que nos acompañará en el último instante de conciencia será la autenticidad o la falsedad con la que hemos vivido nuestra vida.
En cuanto a la felicidad, no se trata de un estado sino de un proceso dinámico. La experiencia de la felicidad es inestable y está continuamente sujeta tanto a las vicisitudes internas como a las externas. La felicidad va apareciendo a medida que nuestras necesidades vitales van siendo satisfechas. Por eso la felicidad es diferente para cada persona, porque las necesidades de cada persona son diferentes e, incluso, las necesidades de una misma persona varían de una edad a otra. No obstante, hay una serie de necesidades básicas que son comunes a todos los seres humanos: alimentación, agua, vivienda, autoestima, un trabajo digno, sentir que se forma parte de algo, necesidad de amar y ser amado, etc. Cuando estas necesidades básicas están satisfechas experimentamos una felicidad básica. Aún así, los seres humanos anhelamos además otros niveles de felicidad, como por ejemplo, el vivir de acuerdo a un sentido y a una verdad trascendental. Somos sobre todo seres dotados de conciencia, con capacidad de reflexión y de conocimiento. Necesitamos un sentido para nuestra vida y necesitamos vivir de acuerdo a este sentido. La pérdida del sentido de la vida es uno de los grandes males psicológico y espiritual de los que vivimos en el llamado mundo desarrollado. Sin sentido de la vida, nuestra existencia se animaliza o se vuelve automática como una máquina.
Para el budismo zen, la plena felicidad sólo puede surgir de la plena realización de nuestra verdadera naturaleza original. Sólo siendo lo que realmente somos podemos sentir la plenitud y la felicidad. Ahora bien, ¿qué somos realmente? Esto es lo que los practicantes de la meditación zen tratamos de realizar a través de la práctica de la meditación zen.”
2 . Desde su perspectiva y maestría ¿podría hacernos una síntesis de la locura colectiva en la que está sumida esta sociedad y sus posibles soluciones?
“La incultura del deseo es, desde el punto de vista de la tradición budista zen, la causa principal del sufrimiento de los seres humanos. No sabemos desear. El deseo es la forma que adopta la fuerza de la vida en los seres humanos. El deseo tiene el poder de crear nuevas vidas o… de destruir la vida ya existente. El deseo forma pues parte de nuestra vida. Es como un fuego. Sin la domesticación del fuego, el ser humano no habría podido crear la civilización que ha creado. La domesticación del fuego implicó su uso constructivo y la transformación de su poder destructivo. Aunque hemos aprendido a usar el fuego para el bien, aún no hemos aprendido a usar el fuego del deseo para el bien. Por lo cual, el deseo sigue siendo una fuerza vital enorme que provoca grandes sufrimientos tanto a nivel individual como colectivo.
La incultura actual basada en la producción de objetos de consumo innecesarios y en su consumo compulsivo es un fuego que se ha extendido por todo el planeta y que amenaza con destruirlo todo: el medio ambiente, miles de especies animales y vegetales e, incluso, el mismo tejido de las sociedades humanas. Las agencias de publicidad y los medios de seducción de masas exacerban incesantemente el deseo de consumir más, de tener una casa más grande, un coche más potente, y todo tipo de objetos y cachivaches que, al poco tiempo, terminan en los vertederos. La globalización neoliberal, basada en una mercantilización de la vida, es un auténtico cáncer que está arrasando el mundo que hemos conocido hasta ahora. Y en la base del mercantilismo y del consumismo está el ordeño sistemático del deseo del ser humano.
No podemos vivir sin desear pero necesitamos aprender a usar esta fuerza vital. Un deseo desordenado, automatizado y compulsivo genera dolor y sufrimiento. Por el contrario, un deseo domesticado conduce a la paz y a la satisfacción. Como reza el dicho: “No es más feliz quien más tiene, sino quien menos desea”.
Por lo tanto, la salida a la crisis actual pasa necesariamente por la reducción de nuestros deseos y por el enfriamiento del proceso productivo-consumista, por la adopción de la simplicidad voluntaria como forma de vida, de manera que los bienes disponibles del planeta Tierra puedan ser equitativamente repartidos entre los 7.000 millones de seres humanos que lo poblamos actualmente. Ya sé que esto es del todo políticamente incorrecto y que es lo contrario a lo que dicen y hacen la mayor parte de los gobiernos. Pero es la única solución ya que los recursos del planeta son insuficientes para que estos 7.000 millones de seres humanos que somos puedan vivir con el nivel de vida que vivimos los occidentales.”

3.- ¿Qué significado da un maestro zen al “aquí y ahora”? ¿Es ciertamente el momento más importante de la vida de cualquier persona?
“El “aquí y ahora” no tiene ningún significado ni necesitamos dárselo. Es el instante y el espacio en el que está teniendo lugar nuestra vida. Este “aquí y ahora” es único e irrepetible, es pleno en sí mismo, y no depende del pasado ni del futuro. Los practicantes zen no pensamos sobre el aquí y ahora, sólo tratamos de vivirlo y de serlo. No es que sea el momento más importante de nuestra vida. Es que es el único real y verdadero, el único que realmente existe, ya que el pasado se ha desvanecido como un ensueño y el futuro todavía no ha llegado (el futuro nunca llega al presente; el futuro es siempre, por definición, futuro). Por lo tanto, lo único que tenemos, lo único que somos, el único instante en el que podemos ser es aquí y ahora. Desde este punto de vista, el tiempo, el tiempo que fluye desde el pasado al futuro pasando por el presente, es una ilusión creada por la mente humana. La vida es siempre aquí y ahora, instante tras instante. Vivimos en un presente eterno.
Esto no debe confundirnos ni dejarnos caer en el carpe diem, es decir, en una forma alocada e irresponsable de aprovechar el momento presente, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos. Por el contrario, la conciencia de la fugacidad del instante presente debe hacernos valorar aún más la importancia de cada uno de nuestros momentos. Fue Martin Luther King quien dijo que “aunque supiera que mi vida terminará mañana, hoy plantaré un árbol”, es decir, hoy haré lo que mi conciencia me dicta, aunque no sea yo quien reciba los efectos de mis acciones.
Así pues, vivimos aquí y ahora y morimos aquí y ahora (nadie se muere en el futuro). Debemos darnos cuenta de que este aquí y ahora, aunque es único e irrepetible, está indisolublemente unido al instante precedente y al instante siguiente. De aquí puede surgir la conciencia responsable para una vida consciente y responsable.”
4.- Cuál es su opinión sobre los que profetizan que el fin de este mundo que conocemos está próximo, con épocas de grandes desastres, cambios de dimensión, de conciencia, de la vida tal y como la conocemos…
“Profetas del Apocalipsis siempre ha habido, sobre todo en las culturas de raíz judeo-cristianas.
La Vida no es un estado estático sino un proceso vivo. La vida es muerte y la muerte es vida. Esto es, la vida siempre está muriendo y naciendo, naciendo y muriendo. Lo mismo le sucede a las naciones, a las instituciones, a las civilizaciones y a las culturas.
Mueren unas y nacen otras. Siento que estamos en el fin de una época y los signos son evidentes para todo aquel que mire con los ojos abiertos el mundo actual. La época de los combustibles fósiles baratos, por ejemplo, está muriendo aunque aún no sabemos cómo será la que la reemplace.
Un cambio de fuente de energía a nivel global implicará una nueva civilización, una nueva organización social, económica y política, una nueva manera de relacionarnos con el medio natural.
No creo en las interpretaciones del calendario maya que dicen que el 23 de diciembre del 2012 la humanidad actual será destruida. No soy apocalíptico. No obstante, basta mirar alrededor para darse cuenta de que el sistema global actual es insostenible a muchos niveles y de que el capitalismo mercantilista y depredador está dando sus últimas bocanadas. ¿Cómo será la transición de este viejo mundo al mundo nuevo que está emergiendo? Como no soy profeta no puedo saberlo. Pero si nos atenemos a los signos presentes, parece ser que de alguna manera será dramático y se generará mucho sufrimiento en muchos seres humanos.”
5.- Recordando la belleza y luz del mensaje que nos dejó en la entrevista que tuve el placer de realizarle hace ya algún tiempo, será un honor que nos deje su impronta y su enseñanza, como considere, para finalizar estas cuestiones que tan amablemente nos ha respondido…
“Quiero expresar mi agradecimiento por esta entrevista de La Voz de Utrera. Aunque hace ya muchos años que no vivo en Utrera, llevo mis orígenes conmigo, en mi corazón. Dicen que nadie es profeta en su tierra y aunque yo no soy profeta en ningún sitio, la vida ha hecho que lleve ya veintidós años residiendo en el templo zen Luz Serena y que a lo largo de estos últimos treinta años no haya dejado de viajar por todo el mundo dando enseñanzas, conferencias y dirigiendo retiros de meditación zen, de alguna manera alejado de mi ciudad natal.
Quiero desde aquí enviar un saludo a todos las utreranas y utreranos y desearles paciencia y perseverancia en el bien para este difícil año 2012 que nos espera.”
Por Manuel Moya