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sábado, 20 de octubre de 2012

Invitacion al taller breve como realizar las Ocho formas de meditación en movimiento



 



El Grupo de meditacion Budista  Amida
 ,Invita al taller :
Como realizar las ocho formas de Meditacion en movimiento,
sencillas formas o posturas que te permitiran :
-Centrarte en tu mente , cuerpo y espiritu
-Aumentar la Concentracion
-Meditar 
-Iniciar la comprension de tu vida 
-Entender tu vida
-Ayudar a otros 
-Renovar la salud 

Jueves  25  de octubre 5pm,
 Biblioteca Publica Central Romulo Gallegos 
Av. Bolivar cruce con calle Mariño
San Juan de los Morros
 entrada gratis 
Facilitador :Lic. Wollmer Uzcátegui 
TODOS SERAN BIENVENIDOS ...
Todos seran Bienvenidos 

viernes, 19 de octubre de 2012

Ciudad de Dios

El espectador.com

Por: Ricardo Abdahlla / París

El templo budista más grande de europa es el primer proyecto terminado del barrio de las religiones, una búsqueda de la convivencia en los suburbios de la región parisina.


Algunos miembros de la comunidad Fo Guang Shan asisten al templo de Bussy-Saint-Georges.
Foto: Angélika Simbaqueba
Algunos miembros de la comunidad Fo Guang Shan asisten al templo de Bussy-Saint-Georges.
La venerable Ru Hai, que hace seis meses muestra los miles de rectángulos que cubren dos de las paredes de la sala del recogimiento del templo de la orden Fo Guang Shan en Bussy-Saint-Georges, dice mientras ríe: “En estas tablitas cada familia escribirá los nombres de sus antepasados para venir a rendirles homenaje. Antes se hacía en las casas, pero está como pasado de moda”. Una imagen de Buda ocupa otra de las paredes de la sala aún cerrada para el público. La cuarta pared es un ventanal de 30 metros que da a un jardín, más allá del cual hay un parqueadero. Luego una estructura de concreto de dos pisos de alto: “Ese es el templo de los budistas lao. Ellos serán nuestros vecinos”.
Los practicantes del budismo lao vienen en su mayoría de Laos y Vietnam. Los que siguen la vertiente Fo Guang Shan, como Ru Hai, quien ha pasado por monasterios de Brasil, España y Portugal, tienen origen taiwanés, aunque muchos descienden de familias que han vivido en Tailandia o Camboya. Más tarde, en el comedor del templo, donde todas las sillas miran hacia los principios de una buena comida y rodean una estatua de Buda (“Gordito, ¿si ve? Es así como lo representan en Latinoamérica”), dice que no hay un asomo de competencia entre las diferentes vertientes del budismo. “Lo que nos importa es ser buenas personas, ¿no? Qué más da que uno sea budista tibetano, budista lao, cristiano o musulmán”.
Cuando el templo lao esté terminado, verán hacia el este un jardín y luego un parqueadero y en el lugar donde ahora hay otra estructura en concreto, la mezquita de la asociación Tawa, dos mil metros cuadrados y un minarete construido completamente en vidrio e integrado a la estructura del edificio.
Recorriendo el campo que se extiende en las afueras de Bussy-Saint-Georges, una ciudad a la mitad de los treinta kilómetros que separan París y Eurodisney, se observan abandonadas las que en otra época fueron fincas y casas de campo. Una de ellas estuvo ocupada en el siglo XVII por Madame de Montespan, amante del rey Luis XIV.
Hasta principios de los años 80, Bussy no fue más que un pueblito de 500 habitantes. A partir de entonces comenzó a desarrollarse como una “ciudad nueva” (ville nouvelle), un tipo de proyecto urbanístico consistente en impulsar las ciudades dormitorio para crear nuevos centros de trabajo y descongestionar las capitales. Actualmente, Bussy tiene 25.000 habitantes, en su mayoría extranjeros y familias que huyen de los altos precios y los pequeños espacios que caracterizan los arriendos en París. Por los 800 euros mensuales que cuesta un estudio de 18 metros cuadrados en la capital, es posible arrendar un apartamento de tres habitaciones en Bussy-Saint-Georges.
Alcalde desde 1998, el centrista Hugues Rondeau fue el impulsor de un plan de ordenamiento territorial en el que se contemplaba que tres hectáreas de los terrenos ocupados por granjas improductivas o abandonadas serían vendidas por el municipio, a un precio menor que el del mercado inmobiliario, a asociaciones de carácter religioso que tuvieran capacidad de construir centros de culto con recursos propios. Así buscaba impulsar lo que él llama “vitrina de un laicismo inteligente”.
Con la creación del “barrio de las religiones” se espera que los creyentes del departamento tengan un lugar en el cual asistir a sus servicios sin necesidad de desplazarse hasta París, pero, según el ayuntamiento local, el propósito es convertir el barrio, del que en el futuro harán parte un centro cultural armenio y una sinagoga, en un espacio de intercambio y convivencia. Una iglesia católica existe desde 1998 a unos cuantos cientos de metros del nuevo proyecto urbanístico.
“¿Se imaginan cuando los niños salgan los domingos después de todas las ceremonias y se encuentren en los jardines para jugar?”, dice Ru Hai. El templo cuenta además con setenta habitaciones para los miembros de la comunidad que residen en el lugar, varios salones de clase en los que se enseñará incluso cocina vegetariana, una biblioteca, una docena de jardines interiores y un espacio que se convertirá en un centro de exposiciones sobre la cultura budista en China.
Antes de mudarse el mes pasado al local de Bussy-Saint-Georges, los miembros de la comunidad Fo Guang Shan se reunían en un modesto local en Vitry-Sur-Seine, dos kilómetros al sur de la capital. Si durante dos décadas esa sede funcionó tanto como lugar de culto como centro cultural, con cursos de idioma y cultura para los inmigrantes de segunda generación, hoy sólo queda un Buda que parece esperar a los visitantes que no llegan. “La idea es reabrir ese espacio en unos meses”, comenta Ru Hai, y agrega, “por ahora queremos inaugurar nuestro nuevo templo, no exagero si le digo que construir este nuevo templo nos tomó veinte años de trabajo”.
Los planes de construcción, sin embargo, fueron modificados constantemente debido a las exigencias de la reglamentación francesa. Mientras en Asia son los fieles quienes levantan con sus propias manos los muros, las disposiciones europeas exigen obreros calificados y planos certificados. “En nuestros templos aprovechamos cada metro cuadrado. Aquí es necesario dejar mucho espacio libre para las rutas de evacuación y las salidas de emergencia, sobre todo cuando uno recibe tal cantidad de gente”, dice Ru Hai, mientras muestra, al fondo de la gran sala de oración que permite recibir hasta dos mil personas, el gran orgullo del templo de Bussy-Sainte-Georges, un Buda de ocho toneladas y cinco metros de alto tallado en una sola roca de jade blanco extraída de las montañas de Camboya.
Junto al creciente interés por el budismo en las sociedades occidentales, la estatua de Buda es una de las razones que explican que cada fin de semana algunas decenas de familias de confesiones diferentes al budismo visiten el templo, cuya construcción costó alrededor de 15 millones de euros.
El edificio, construido con una arquitectura moderna, como todos los que ocuparán el barrio, ha despertado la curiosidad de los habitantes de la ciudad, quienes en general ven con buenos ojos el proyecto. Hughes, pensionado de la industria automotriz que vive en la ciudad desde hace veinte años, permite que, al poder practicar su culto en locales decentes y de manera organizada, la gente “sienta que se respetan sus creencias y su modo de vida, lo que ayuda a que también respeten los modos de vida de los demás”.
Para Dominique, igualmente pensionada y quien cambió hace cinco años su apartamento en París por uno más espacioso en la ciudad, “lo más importante es que los edificios no se limiten al culto sino que se abran hacia la comunidad, pues hay muchos chinos en la ciudad, pero nunca tenemos muchas oportunidades de discutir con ellos”, dice. Al menos el 30% de la población es de origen asiático.
El templó abrió sus puertas el pasado mes de julio. “Como ya estamos realizando nuestras ceremonias, dicen que ya inauguramos el templo, pero nos faltan muchas cosas”, aclara Ru Hai. “Cuando sea la inauguración se hará una gran fiesta y a los que quieran venir a acompañarnos no les vamos a preguntar si son budistas o no”.
LA FRANCIA BUDISTA
La religión budista en Francia cuenta con cerca de 800.000 feligreses. Los creyentes, en su gran mayoría, vienen de familias originarias de Camboya, China, Vietnam y Laos. Aunque el número de creyentes es considerable, su distribución no es homogénea en el territorio. De hecho, los principales focos budistas se encuentran en las regiones de París, Normandía y Bretaña. Desde 1982, el Dalái Lama, su máxima autoridad, ha visitado el país en tres ocasiones: 1982, 1993 y 2008.
En esta última oportunidad y como hecho anecdótico, el monje recibió a la entonces primera dama, Carla Bruni, durante la inauguración de un templo en el sur del país.
Antes de la construcción del templo budista, Grande Salle de Bouddha, a las afueras de París (ver nota abajo), la construcción de este tipo más grande de Europa se encontraba en la localidad de Pedreguer, España, donde en 2006 se levantó el templo Sakya Drogon Ling.
La comunidad budista en Europa Occidental alcanza un población cercana a los 20 millones y en Estados Unidos se acerca a los 6 millones.
UN TEMPLO GRANDE PARA BUDA
Fue por iniciativa de Shih Hsing-Yun, el fundador y líder mundial de la comunidad budista Fo Guang Shan —que cuenta con c erca de doscientos templos, 22 de ellos en Europa, y una importante presencia en el Cono Sur de América Latina— que se decidió levantar un gran centro budista en París. Hasta ese entonces el mayor templo budista de Francia era la pagoda tibetana ubicada en el bosque de Vincennes. Ante la imposibilidad práctica de encontrar en el interior de la capital un lote de las dimensiones necesarias, el terreno de Bussy Bussy Saint-Georges, a 15 kilómetros de la capital, parecía perfecto.

Meditacion 11-11-11 con concierto cuencos tibetanos celia villaescusa .es

Mantra de sanación: Om Mani Padme Hum

La doble tradición del budismo en Rusia

Hay quienes hablan de un nuevo renacimiento del budismo, otros del ocaso definitivo de esta religión. Algunos creen que el budismo sólo es para lоs pueblos tradicionalmente budistas, como lo son los calmucos y los buriatos, y para las exaltadas estrellas del rock. Otros observan que el número de discípulos de Buda está creciendo en nuestros días gracias exclusivamente a Rusia. Nuestro reportero ha intentado aproximarse a este asunto.
La doble tradición del budismo en Rusia
El templo prncipal en Ivolga. Fuente: William Brumfield.
Buda sigue entre nosotros

Aunque las enseñanzas de Buda llegaron a Rusia con los calmucos  hace ya 400 años, no fue hasta 1741 que no obtuvo estatus de religión oficial. Desde entonces, los budistas comparten con los demás habitantes de Rusia todas las penurias de la vida en este país. Bajo el régimen zarista los budistas gozaban de gran aprecio y respeto por su sabiduría y por  su actitud pacifista. 

El gobierno soviético tenía un punto de vista diferente y comenzaron las persecuciones. Nadie estuvo a salvo, ni los buriatos, ni los calmucos, ni tan siquiera los investigadores del budismo afincados en la capital rusa. Se arrasaron los datsanes (entre los buriatos de Rusia, los datsanes son los monasterios-universidades budistas), la mayoría de los lamas fueron enviados a campos de trabajos forzados, muchos fueron ejecutados y los que lograron salvarse pasaron a la clandestinidad. En 1941, Stalin anunció oficialmente que en la URSS no existía el budismo. Pero en 1946, una delegación de lamas buriatos que sobrevivieron milagrosamente a las persecuciones se dirigió al Kremlin con la petición de devolver a su pueblo las Enseñanzas de Buda.



Y se les permitió revitalizar el budismo, pero mínimamente. El primero y único Datsán fue reconstruido sobre un pantano cerca de Ulán-Udé, en un pueblo llamado Ívolga. 
  
El budismo tras la perestroika

Sólo en la década de los 90 el control ideológico fue eliminado. Y entonces el budismo se fortaleció rápidamente. A día de hoy afloran los centros budistas por todo el país. En casi todas las grandes ciudades de la parte europea de Rusia hay al menos un centro budista, llegando a alcanzar unos 200 en toda la región.

Aparte de eso, están los territorios tradicionalmente budistas: Buriatia, Kalmukia   y Tuva, donde desde la década de los 90 la construcción de los templos budistas está en auge. A fecha de hoy se han construido cerca de cien templos allí donde hace 20 años apenas hubo tres. Hoy en día en Buriatia y alrededores hay 47 Datsanes activos, en Kalmukia, 27 y en Tuvá 17. Visto lo visto, ¿es Rusia un país budista? 

Según el censo de 2002, la población de buriatos en Rusia llegaba a las 445.000 personas, la de calmucos a las 174.000 y la de tuvinos a los 244.000. Pero no toda esta gente es budista. Hay entre ellos seguidores del chamanismo, ateos o cristianos ortodoxos. De modo que no se puede simplemente sumar los resultados del Censo de Población para calcular el número de budistas entre estas etnias.
No se sabe con certeza cuántos son budistas hay en Rusia. La corriente Gelugpa es la  que se ha difundido tradicionalmente, pero no es la más común a día de hoy. La escuela con el mayor número de adeptos es Karma Kagyu, con alrededor de 300.000 fieles. También están las escuelas de Sakya y Nyingma. Pero sus seguidores no deben de superar los 10.000. Según estimaciones aproximadas, hay alrededor de un millón y medio de budistas en Rusia, lo que viene a ser un uno por ciento del total de la población total.

De las 17 comunidades budistas registradas en Moscú, ninguna se parece a otra. Cada una tiene su propio público y estilo. Y en cada una os dirán, aunque cuidando mucho las formas y recurriendo a eufemismos, que es aquí donde vais a encontrar el budismo verdadero, mientras que las demás comunidades no ofrecen nada auténtico. Ciertamente, Rusia, como una gota de agua, refleja todo el abanico de las variedades del budismo que existen en el mundo.

La variedad occidental

Cada día, a las ocho de la tarde, en el centro budista 'Camino del Diamante' comienza la meditación. Una gran sala blanca con un techo alto y una reciente renovación al estilo europeo. Parece una oficina vacía. Sólo un solitario Buda dorado, colocado contra la pared del fondo, evoca el sentido de lo que está sucediendo aquí. 

Una muchacha con la cara inmóvil está sentada en el suelo. Con voz de robot habla sobre la libertad y la felicidad. Sobre las alfombras hay 100 personas sentadas. La muchacha sugiere que se imaginen a Karmapa XVI, líder de la escuela Karma Kagyu, envuelto en un halo dorado.

A continuación, todo habrá de disolverse en una irisada nebulosa y entonces les llegará la felicidad. Este sencillo ejercicio dura una hora. Después de eso, todo el mundo va a la cocina donde toma té y charla. Gente verdaderamente amable, con los ojos iluminados por la educación universitaria y una genuina curiosidad por la vida. No hay rituales, ni abstinencia o penitencia. La conversación tiene un tono mundano, nada de temas sublimes. Simplemente, se han acercado aquí después del trabajo para ventilar la mente. Hay centros como éste en 640 ciudades por todo el mundo. Sólo en Rusia se contabilizan 76. 

Los primeros seguidores de Kagyu aparecieron en Moscú en los años 90. Por aquel entonces todo el mundo buscaba nuevos valores. La gente tenía claro a dónde tenía que dirigirse: a Oriente, a la India y China. Pero sucedió una cosa curiosa, se dirigían a Oriente, pero al final, de todas maneras, acababan llegando a Occidente. Y es que, después de todo, el fundador de centenares de centros budistas de este tipo, Ole Nydahl, es danés.  

En su juventud fue un hippie, usó drogas recreativas y luego emprendió un viaje a Nepal donde llegó a conocer las enseñanzas budistas, se formó en la materia y se convirtió en un lama. En Rusia, Nydahl está presente desde los principios de los años 90, divulgando Kagyu o, lo que es lo mismo, el 'Camino del Diamante'. El propósito, según él, es aprender con rapidez y precisión el sentido de la vida, superando su insoportabilidad. “Los científicos convierten cosas simples en complicadas, yo, en cambio, hago sencillas las cosas difíciles”, dice Ole.

El modo de vida que enseña Nydahl provoca exaltación y poco importa si es verdadero budismo o no. Este tipo de felicidad es como una casa antigua que, tras ser reformada en un estilo moderno, ha perdido sus rasgos individuales: es una felicidad sin nacionalidad, sin rostro, escueta y seca. Otra de las consecuencias de la globalización. Un salvoconducto más hacia el gran mundo europeo.

La variedad oriental

Te levantas, te lavas la cara, haces una pequeña ofrenda a los Yidames, las deidades protectoras (viertes un poco de leche en una escudilla especial), durante el día no le haces mal a nadie, no te metes con ningún ser vivo, y por la noche recitas mantras. Así es como vive cualquier budista normal, me dice una anciana buriata, mientras vamos en un microbús por una carretera que nos lleva a un Datsán a las afueras de Ulán-Udé.  

El Datsán tiene un aspecto peculiar. En medio de un gran campo se ve un montón de pequeñas chozas rusas mal construidas. Pobreza y miseria por todas partes. Sólo al fondo se ve algo deslumbrante, un estallido de colores, con todos los matices del mundo: son los legendarios duganes (templos), con sus tejados de bordes curvos, sus dragones y leones, sus cintas y banderas, sus ruedas de oración y campanas.

Cada datsán de Buriatia ofrece dos tipos de servicios: astrológicos y médicos. Visitar al lama es algo esencialmente distinto de la tradicional confesión cristiana. El lama no tiene derecho a 'atar y desatar', sólo aconseja. Aconseja sobre con quién casarse, cómo llevar la casa, dónde y qué se debe estudiar.

Ésta es precisamente la diferencia más importante entre este budismo oriental y el budismo del Occidente: el oriental se caracteriza por centrarse en los problemas cotidianos e inmediatos y también por la división de trabajo.

Si el Lama Ole enseña el perfeccionamiento de la mente, aquí os enseñará a  criar cabras. La mayoría de los monjes locales se parecen a los presidentes de los koljós (granjas colectivas en tiempos soviéticos) con diplomas en filosofía. Aquí los budistas no creen en ninguna espiritualidad sublime.

Primero, que la gente tenga comida suficiente, entonces habrá lugar para la espiritualidad. Al hambriento no le interesan ni Dios ni Buda. Con esta actitud, no es de sorprender que en los últimos diez años el número de feligreses en los datsanes haya aumentado entre 40.000 y 50.000 personas, siendo casi todos ellos antiguos cristianos ortodoxos.

Y eso a pesar de que los budistas tampoco los invitan, que digamos. “En el budismo no aspiramos a aumentar el número de feligreses. No hacemos proselitismo. Pero el ruso, cuanto más lo echas, tanto más insiste en volver”, dice Damba Aiúshev, jefe de la comunidad budista en Rusia.  

Lo que atrae del budismo a los rusos es que se trata de una religión que por definición no pretende acaparar el dominio mundial.

El budismo es benévolo con cualquier convicción, desinteresado, práctico, antidogmático, antitotalitario, no admite ningún paternalismo, tan sólo la confianza y la amistad. Ésta es una gran oportunidad para romper el sello heráldico del totalitarismo, cambiar el punto de partida y ver las cosas desde una posición fundamentalmente diferente. Se trata de una alternativa excelente para el orgullo nacional. El único problema es que los rusos, en su mayoría, en su búsqueda de un nuevo punto de partida, llegaron a conocer el budismo no de las manos de sus portadores nativos, sino a través de los maestros europeos.

El budismo es una cosa buena. Pero no en su forma esterilizada, europea, asemejado a un producto de higiene universal que viene a protegerte de tus propios signos de identidad nacionales. Sino el otro, el rudo, el que pace los rebaños y hace levantarse al pueblo.

Tal vez justamente para eso llegó el budismo a Rusia: para seguir siendo una eterna tentación para los rusos, para recordarles quiénes son, para darles la oportunidad de verse a sí mismos a la luz de la verdad.  

Más de 900 personas participan en el Congreso de Budismo Moderno



A falta de la última jornada para que concluya este jueves el Congreso Internacional de Budismo Moderno España 2012, que se ha celebrado en Alhaurín el Grande, el balance no ha podido ser mejor para los organizadores del Centro Nacional de Meditación Kadampa, que ha sido el encargado de organizar este año el festival.
Unas jornadas que cada año se celebran en un país diferente y que en esta edición han congregado según la organización a casi 900 personas, entre congresistas, laicos, monjes y organizadores, procedentes de 25 países diferentes.
El alcalde de Alhaurín el Grande, Juan Martín, ha visitado este miércoles junto a miembros de su equipo de gobierno las instalaciones municipales que durante estos días han acogido este multitudinario congreso. El primer edil ha informado de que "se ha puesto a disposición de la organización todo el polideportivo municipal, donde a su vez se ha instalado una gran carpa, demostrándose que Alhaurín el Grande posee unos importantes equipamientos, capaces de acoger eventos tan multitudinarios como éste". Asimismo, el alcalde ha destacado que "el balance desde un punto de vista turístico, económico y social ha sido fantástico, ya que además de hacernos llegar su estilo de vida tan positivo, la repercusión económica en el municipio ha sido notable, reflejándose en la alta actividad de los comercios, la hostelería y la ocupación hotelera, gracias a la estancia de las 900 personas que han llegado a la localidad".
Por su parte, Kelsang Rigden, maestro del Centro Nacional y principal organizador del encuentro ha manifestado que "nos sentimos muy satisfechos por como se están desarrollando las jornadas, así como por el trato recibido en general por todas las personas del pueblo y en particular por el ayuntamiento". Rigden ha recordado que "nos reunimos para convivir, meditar juntos y rezar por la paz en el mundo".