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martes, 13 de noviembre de 2012

Mattieu Ricard, científicamente feliz

Un biólogo francés se va a Nepal, conoce el budismo, medita... y se convierte en «el hombre más feliz del mundo»

Día 07/11/2012
Matthieu Ricard nació el 15 de febrero de 1946 en Aix-les-Bains. Su padre, el filósofo, ensayista y periodista Jean-François Revel (pseudónimo de Jean-François Ricard), estaba casado en primeras nupcias con la pintora Yahne Le Toumelin, su madre.
Matthieu Ricard se educó en París y comenzó soñando con ser un gran científico. Entre los amigos de su padre se encontraba François Jacob, premio Nobel de Medicina, que dirigió su tesis doctoral sobre genética celular en el parisino Instituto Pasteur.
Su padre ya era durante los años 60 y primeros 70 del siglo pasado uno de los periodistas más influyentes de Francia, un polemista implacable, un ensayista de muy grandes vuelos. Como tantos otros hombres de su generación, Matthieu también hizo un primer viaje iniciático a la India, donde comenzó a descubrir otros mundos, por aquellos años de gloria paterna.
El París posterior a las jornadas de mayo de 1968 no le interesaba particularmente. Y decidió instalarse una larga temporada en el Himalaya, donde conoció el budismo tibetano gracias a dos grandes maestros, Kyabjé Kangyur Rinpoché y Dilgo Khyentse Rinpoché. El joven parisino se hizo monje tibetano en 1979. Un año más tarde se convirtió en portavoz e intérprete del Dalai Lama.
Instalado definitivamente en el monasterio de Shéchèn, en Nepal, Matthieu Ricard se distanció de Francia, sin alejarse de su padre, con quien llegaría a escribir un libro de diálogo, «El monje y el filósofo».
Un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin, dirigidos por Richard Davidson, decidieron convertirlo en sujeto de estudio científico. Llegaron a la conclusión de que el cerebro del monje budista nacido francés creaba rayos gamma y otras partículas que tenían algo muy precioso y particular... una capacidad única y excepcional de ser feliz.
Sin duda, los científicos de los Estados Unidos no han podido estudiar el cerebro de miles de millares de personas, para llegar a su conclusión última. Pero los investigadores norteamericanos están convencidos de que Richard, por su herencia biológica y el medio ambiente en el que pudo crecer y desarrollarse, tiene una capacidad excepcional y «única» para la felicidad. De ahí el título oficioso de «hombre más feliz del mundo».

VENTANA ABIERTA

Visión budista de la muerte (I)

GERARDO MOSCOSO CAAMAÑO
lunes, 05 de noviembre de 2012
Según las enseñanzas del Buda, la vida, al igual que la energía, no puede crearse ni destruirse, y lo que parece la muerte es sencillamente el proceso de decadencia y renovación que lo rige todo. Así pues, la filosofía budista anticipa casi tres mil años las leyes de la conservación de la energía y la materia, que afirman que ni la energía ni la materia se pierden nunca, sino que cambian de forma, (por ejemplo, la energía eléctrica que pasa por un foco se convierte en luz y calor). Nichiren, sacerdote budista japonés (1222-1282) enseñaba que la vida y la muerte son aspectos alternativos de nuestra propia personalidad, tal como lo expresa la ley de Nam-myojo-remgue-kyo.
Dicho de otra manera, todas las cosas que se manifiestan físicamente en la vida se recluyen a un estado latente tras su extinción o muerte. El budismo distingue entre la realidad física y el estado de latencia en el que la vida sigue existiendo oculta. El filósofo japonés Daisaku Ikeda (1928), presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), afirma: "Según la visión budista, la vida es eterna. Se cree que atraviesa sucesivas encarnaciones, así que la muerte no se considera tanto el cese de una existencia como el principio de una nueva. Para los budistas el fenómeno de la transmigración es obvio: la vida es eterna y cada ser vivo está sometido a un ciclo continuo de nacimiento y muerte. Recientes investigaciones científicas en los campos de la medicina y la parapsicología tienden a corroborar esta idea. Dichas investigaciones incluyen estudios de "experiencias cercanas a la muerte" y "experiencias de vidas pasadas".
Mientras que la recuperación de la perspectiva filosófica orientada hacia la vida eterna puede parecer idealista, un simple bálsamo emocional para nuestro pavor existencial, en realidad es el modo más razonable y realista de ver la cuestión. Sin muerte no habría vida, tal como se expresa en el Sutra del Loto.
Para entender la muerte desde la perspectiva budista hay que hurgar y estudiar lo que se denomina "Los nueve niveles de conciencia"… (continuará). 


Visión budista de la muerte (I I)

GERARDO MOSCOSO CAAMAÑO
lunes, 12 de noviembre de 2012
Tanto la vida como la muerte son expresiones de la existencia humana, y ambas se incluyen en la gran vida universal de la iluminación que existe en lo más profundo de nuestras vidas. Basándonos en la iluminación lograda mediante la práctica budista en esta vida, experimentamos la muerte con dignidad y paz.
Mediante la práctica del budismo podemos desarrollar la sabiduría y la convicción necesarias para afrontar la muerte. La ausencia de miedo a la muerte es una de las características de la iluminación.
Desde una perspectiva budista, nuestra capacidad para atravesar de un modo satisfactorio el proceso de la muerte depende de los constantes esfuerzos que hayamos hecho durante la vida para acumular buenas causas, para contribuir a la felicidad de los demás, y para fortalecer la base de la bondad y la humanidad en lo más profundo de nuestras vidas. Habiendo vencido en la vida, podemos vencer en la muerte también.
El budismo es una enseñanza, un método práctico para ser feliz aún en medio de las mayores dificultades y que encuentra un valor absoluto en la vida de cada ser humano. En el budismo, una persona que ha alcanzado su plenitud totalmente es, en cierto modo, un buda. Una persona que ha hecho todo lo posible para cumplir su misión en este mundo, también se le denomina buda. La revolución interior, la reforma vital que surge de la práctica del budismo se manifiesta siempre en la vida cotidiana y es el resultado del poder obtenido a través de la propia transformación. Un cambio positivo en nuestra vida influye en nuestro ambiente, lo cual significa buena fortuna. El poder de la auto transformación es esencialmente el poder de la sabiduría.
Es difícil morir feliz. Y como la muerte es el balance final de las cuentas de la vida de una persona, es cuando nuestro verdadero yo se pone de manifiesto. Muchos practicamos el budismo para vivir felices y para morir felices. El budismo garantiza que quienes practican el budismo con sinceridad se acercarán a la muerte en un estado de plena satisfacción.

EL DIARIO DE COHUILA