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lunes, 1 de abril de 2013

Soraya, influenciada por el budismo



México, D.F.- Tan entrelazados como los aros olímpicos están las vidas de dos deportistas mexicanos: Víctor Estrada y Soraya Jiménez (q.e.p.d.). Para ambos, Sydney 2000 representó su debut olímpico; ambos también vieron sus deportes competirse por primera vez, en una magna justa veraniega; el lazo más importante fue verlos en el podio, en el mismo certamen. El último vínculo lo creó Soraya, al invitar a Víctor a conocer los conceptos del budismo.

"Ella por iniciativa propia, al conocer amigas fuera del deporte, la invitaron a formar parte de esto. Le ayudó mucho a tener una gran fortaleza interna. Hace unos años, ella nos invitó, a mi esposa y a mí, a una plática con un Dalai de buen nivel y conocimos parte de lo que a ella le hacía bien", recordó Estrada Garibay, quien, al igual que Soraya, nació en el Estado de México.

Según el taekwondoín, Soraya se adentró en esta forma de pensar e inició la práctica del yoga, para mejorar sus condiciones de salud; incluso, parte de las pláticas que apoyaron a Jiménez Mendivil fue una sobre tanatología; así, Soraya apoyó a sus seres queridos para enfrentar las pérdidas importantes.

"En una ocasión la acompañamos a una plática sobre tanatología, a prepararse para la muerte. Mi esposa América y Soraya se hicieron muy amigas y fuimos dos o tres veces a acompañarla", recordó el ex taekwondoín.

Víctor recuerda que, pese a la delicada salud de Soraya, su ánimo fue siempre tan brillante como ese primer oro olímpico que le dio al gremio femenino mexicano, el 18 de septiembre del 2000.

"Ella no tenía nada terminal; los problemas en las rodillas fueron a causa del propio deporte, pero las situaciones de pulmón o tumores eran de otra índole. Le mermaron la salud, pero los ánimos nunca; jamás la vi ‘echada para atrás', ni deprimida, ni triste, siempre que estábamos juntos, era la más ‘cotorrona' de todos", recordó Estrada, quien acudió a dar el último adiós a la medallista olímpica con quien compartió las emociones más grandes de su vida deportiva.

La tarde de este viernes, los restos de Soraya Jiménez fueron velados y cremados; de acuerdo a los deseos de la propia ex deportista, sin homenajes póstumos que duren un momento, pero con el recuerdo eterno de quienes la conocieron.